Ritual quechua para descargar tensiones

Yachaykuna (Recuperado de ambito.com).- Las dos mitades de un pueblo, «los del lado de arriba» y «los del lado de abajo», se juntan el 3 de mayo para agarrarse a las trompadas. Si bien la pelea comienza por hombres, luego se suman las mujeres hasta que todo se generaliza. Este ritual denominado Tinku si bien centralmente ocurre en la población de Macha, de la provincia Chayanta del departamento de Potosí, el 3 de mayo, y llega a durar 3 días, ese día ahora se puede ver en otros lugares de Bolivia pero convertido en una coreografía folklórica, donde las peleas se han vuelto una danza colectiva que por momentos recuerda al «pogo» que hacen los muchachos en los conciertos de rock.

El vestuario y la coreografía de esa danza actual es una reminiscencia del rito que se ha transformado en una diversión popular, que por momentos remite al pintoresco Carnaval de Oruro.

Atracción internacional

El rito del Tinku tal como se lleva a cabo en Potosí atrae a folkloristas, funcionarios y representantes indígenas que consideran que se está revalorizando una ancestral fiesta autóctona precolombina, y psicólogos sociales y antropólogos que dicen que es un acto catártico, una forma primaria elemental, y a veces trágica, de descargar tensiones.

El hecho provocó desde hace un par de años la llegada de un creciente número de turistas curiosos, a pesar de los riesgos que supone estar en medio de tal batahola.

La palabra quechua Tinku, que puede entenderse tanto por «encuentro» como por «pelea», es la denominación ancestral de una fiesta prehispánica andina donde se realizaban los combates rituales entre los ayllus de Alasaya y Masaya que practicaban la tradición del «predominio del más fuerte».

El Tinku antiguamente consistía en una confrontación cuerpo a cuerpo entre comunidades estimuladas por el alcohol de la chicha. La pelea se realizaba en la plaza principal de la población o comunidad, con una duración aproximada de veinte a treinta minutos, según la resistencia de los contrincantes. Las autoridades máximas de la comunidad, el Cacique y el Alcalde, jugaban el rol de árbitros y para demostrar su autoridad hacían uso de un látigo con quienes no cumplían con las reglas acordadas.

Existen diversos criterios que explican la causa de esta práctica, entre ellos, la simbología relacionada con el valor del macho, un rito de pasaje a la mayoría de edad en los adolescentes, la defensa del patrimonio en el sentido en que los animales marcan su territorio y la devoción a la Pachamama, cuya creencia radica en que hay que darle sangre para recibir dones, y es por eso que según la leyenda, uno de los combatientes que ha sido vencido, debe derramar su sangre como sacrificio y ofrenda para fertilizar a la Madre Tierra para que no les falte jamás la cosecha.

El Tinku suele ser la etapa superior del «Tinkunacuy», que es una disputa entre pares, de dos a dos, y aunque generalmente el desafío comienza entre parejas y termina generalizándose, y se convierte en Tinku que históricamente es la pelea en conjunto entre comunidades antagónicas.

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