Archive for mayo, 2011

27/05/2011

Posesionan a directiva de Mujeres Quechuas “Juana Azurduy”

Nicolasa Machaca. El Deber

Correo del Sur.- Se posesionó a la primera directiva de la Organización Social de Mujeres QuechuasJuana Azurduy” que está a la cabeza de la presidenta, Nicolasa Machaca, cuya gestión es por un año.

La Presidenta y las demás integrantes de la directiva: Lidia Medina, Lucila Saavedra, Segundina Callejas, Martha Estrada, Martha Ávalos, Guillerma Flores, Betty Pinaya, Aurora Bejarano, Rossemary Ruiz, Cristina Ortube y Rosario Liendo fueron posesionadas por la Coordinadora Departamental Para el Cambio (CODELCAM) en el Paraninfo a donde asistieron autoridades de la Gobernación, la Alcaldía, e instituciones que trabajan con mujeres.

Machaca dijo que llevan el nombre de la heroína porque nació en Chuquisaca y peleó por la libertad del pueblo, pese a ser madre. Ahora deben trabajar por las madres de los barrios periurbanos que necesitan organizarse y capacitarse para contar con herramientas de trabajo, con el fin de incorporarse al proceso productivo.

Mujeres de diez barrios son capacitadas sobre organización, salud, educación, capacitación técnica en tejido a mano de ropa para bebé de cero a diez años y de diez para adelante, ropa de casa, bisutería, chompas y mandiles para los escolares.

¿Quién es Nicolasa Machaca? Es historia y presente. Fue nominada al Premio Nobel de la Paz, junto a otras 999 mujeres.

El periódico El Deber publicó el domingo 24 de julio de 2005 parte de la historia de esta líder quechua boliviana:

¡No! No puedes ser dirigente, ¿acaso eres hombre?”, le dijeron los hombres de su comunidad. “¿No? ¿Cómo no vas a saber hablar español? Tan viejota”, la retó su maestra de primero básico. “¡No, acá nadie tiene derechos!”, le gritó el militar que la apresó en 1980. Siempre no. Desde que nació, Nicolasa Machaca Quispe aprendió que sólo tenía derecho a un nombre y a una vida de servidumbre. Pero ella machacó y cambió sangre y llanto por un sí a la vez. Cada sí cayó como una gota sobre una roca y lentamente perforó un agujero en la gran piedra de la discriminación. Ahora, a punto de cumplir 50 años, toda esa lucha es reconocida a través de una postulación coral al Premio Nobel de la Paz.
Y es que una nación clandestina como la de Nicolasa necesita de revoluciones silenciosas y la mejor arma de esas batallas suele ser la educación. Era 1968 y mientras Domitila Chungara denunciaba ante el mundo la Masacre de San Juan, Nicolasa ejercía su primer acto de rebeldía: aprender a leer y a escribir. En Kurawara, una comunidad del ayllu Catamarca (Oruro), había hombres que no veían con buenos ojos que una imilla participara en sus reuniones representando a su padre, mucho menos que sea la líder designada para los cursos de alfabetización. Sin embargo, las mujeres la animaron. “Andá vos, sos wawita, vas a aprender más rápido”, le dijeron. Obedeció.
En realidad, ésa fue la segunda vez que Nicolasa intentó aprender a leer y a escribir. Tres años antes su padre, Camilo, la había alentado para ingresar a la escuelita de la comunidad de Poopó. Tenía 10 años y era la más grande de la clase. Eso provocaba que sea el centro de las burlas, no sólo de sus compañeros sino también de su maestra. “¿Cómo?, tan grandota y no aprendes a hablar castellano”, la retaba la maestra. “Me sentía humillada, maltratada. Me pegaba con reglas, me cocacheaba… Por eso no entré más a la escuela”, contó Nicolasa.
En cuanto se enteró de los cursos de alfabetización, su padre fue el primero en apoyarla para que aprenda a leer y escribir. Lo que no sabía Nicolasa era que con ese curso también se contaminaría con el bichito del liderazgo. Comenzó a tomar más talleres, conoció a líderes de la provincia y ya para 1974, fue la delegada de su ayllu en el Congreso de Mujeres Campesinas en Condurire (Oruro). En 1977, Nicolasa dejó Kurawara y se instaló en Oruro. Había sido elegida como dirigente máxima de las mujeres de su provincia y tal responsabilidad demandaba su traslado a la capital minera. No tenía tiempo ni para asustarse. Su deber era visitar comunidades para capacitar mujeres. Las organizaciones campesinas de Oruro crecieron hasta sumar 300 y en ellas ofrecía talleres de liderazgo, participación y producción. Su prestigio creció hasta que la designaron líder de todo el departamento.
No era un buen momento para ocupar el cargo, porque el régimen de García Meza la consideró un peligro. Una noche, a finales de 1980, mientras celebraba una reunión en la central orureña, los militares irrumpieron, la golpearon y la trasladaron al cuartel de Oruro.
Fueron dos meses de encierro, 60 días de interrogatorios, 1.440 horas de torturas: 86.400 minutos de violaciones y vejámenes ejercidos por hombres enmascarados, por personas sin rostros que exigían nombres, direcciones y teléfonos de otros líderes. A principios de 1981, todo acabó. El cuerpo de Nicolasa fue tirado sobre la chata de un camión y trasladado hasta un punto de la provincia Santistevan (Santa Cruz). Ahí la dejaron y allí ella subió a otro camión que la llevó hasta La Paz. Se refugió en la casa de una compañera de lucha, que le consiguió un médico. “No podemos hacer nada. Hay que operarte. La herida es profunda y está infectada. Hay que internarte”, le dijo el galeno. No. Otra vez, ¡no! Nicolasa no quería internarse. Los hospitales estaban vigilados y no soportaría un minuto más de encierro y violaciones.
Sus compañeras se movilizaron con rapidez, en una semana tenían todo listo. El plan era arriesgado pero no había otra salida: debía irse a Cuba. “Tenés que salir por Perú, hasta Lima. Ahí conseguirás un pasaporte peruano y viajarás a Cuba’, me dijeron. Todo el viaje debía hacerlo sin un solo documento y sin nada escrito. Debía memorizar cada nombre, cada lugar y cada forma de vestir de los contactos”, contó.
Salió por Copacabana. En la frontera la detuvieron, no querían dejarla pasar sin documentos, pero le tuvieron lástima por sus heridas. De ahí, cuatro días de viaje hasta Lima, una semana en la capital peruana y ocho horas de avión hasta La Habana.
La Cuba de los 80 era el paraíso de los perseguidos políticos. Del aeropuerto fue trasladada al hospital y tres meses más tarde estaba curada. Se quedó un año y medio. “Me aboqué a aprender qué era la política, la economía y qué era eso de lo que hablaban tanto: el capitalismo y marxismo-leninismo”, dijo.
Su camino de regreso fue más difícil. Ya no estaba García Meza en el poder, pero la sombra de su dictadura aún estaba sobre su alma. Lo primero que hizo fue contactar a su familia. Desde que la apresaron, su madre no sabía nada de ella. “Me dieron por muerta. Mi madre dijo que siempre tuvo esperanzas de que apareciera. Yo, en cambio, estaba muy traumatizada y con cosas adentro que no le podía contar a nadie”, relató Nicolasa.
A sus 28 años, Nicolasa tenía vergüenza. Se sentía culpable, no sabía cómo contarle a su madre lo que le había pasado. “Mis tres hermanos me dieron la fuerza para continuar trabajando. Tenía miedo. ‘Qué puedo hacer yo como mujer’, me preguntaba. ‘Qué me van a decir los hombres, porque, ¡ya no soy virgen!’ Por eso no me casé hasta los 35 años”, dijo.
Desde ese momento se refugió en el trabajo. Durante año y medio se dedicó a organizar a las mujeres de su comunidad para pasar de la institución sindical a la productiva. En 1984 volvió a dejar su ayllu y partió hacia Siglo XX, para trabajar en la radio Pío XII. En 1985, se inscribió en el Instituto Politécnico Tomás Katary y se graduó como técnico en salud. Ya para 1988 dirigía proyectos en el mismo instituto y comandaba a un grupo de médicos, enfermeras y agrónomos que brindaban servicios a más de 30 comunidades del norte potosino. Ahí conoció a su compañero. “Me dije: ‘para qué tanto trabajo si no tengo hijos”, contó Nicolasa.
Fue así que unió su vida a la de Benjamín Cuéllar. Se casaron en 1991 y tres años más tarde se fueron a vivir a Sucre. Allí crían a sus tres hijos: Rosa (17), Ernesto (14) y Carmen Julia (12). “Mis hijos están orgullosos de mí, quieren seguir mis pasos. Es por eso que la postulación al Premio Nobel es una alegría, porque no sólo es mía, sino de todas las mujeres con las que trabajo. Cada día pienso en capacitarme y después transmitir los conocimientos a las bases”, dijo.
Sí, Nicolasa sigue golpeando la roca.

Del Ayllu al mundo

Nicolasa Machaca nació en Kurawara el 23 de diciembre de 1955. Es la última hija del matrimonio entre Camilo Machaca y Leonarda Quispe Alejandro. Tiene tres hermanos: Humberto, Rosa y Guadalupe.
Desde niña, trabajó pastoreando ovejas, llamas y vacas a orillas del lago Poopó. Su padre se dedicaba a la pesca y a sembrar quinua, papa y cebada en los campos. De a poco, debido a la contaminación causada por las cooperativas mineras, las tierras se agotaron y dejaron de producir, por lo que el dinero no le alcanzaba a su padre para enviarla a estudiar a una escuela. Ella tuvo que formarse a sí misma.

Compañía. Nicolasa ahora vive en uno de los cerros de Sucre. En su casa recibe el amor de su esposo y sus tres hijos

“Los movimientos sociales no viven la democracia”

Para Nicolasa Machaca, Gonzalo Sánchez de Lozada es un asesino y debe pagar por las muertes de octubre negro. Sin embargo, eso no es lo que más le preocupa actualmente.
La líder campesina ve con mucha pena cómo los movimientos sociales han perdido la brújula. “Los movimientos sociales tienen que cambiar porque no se está viviendo la democracia dentro de ellos. Hay dirigentes que quieren manejar las organizaciones como les da la gana, a su manera de ser. Uno de ellos es el de la COB (Jaime Solares). Ahí uno solo piensa y expresa su opinión como si fueran las ideas de las bases cuando no les ha consultado. Se aprovechan de que ellos están un poco más preparados que las bases y los convencen. Eso no es una democracia verdadera”, reclamó.
En su opinión, todas las personas tienen el derecho a expresarse, a organizarse y trabajar por su comunidad. Pero también considera que tienen la obligación de aportar. “Hay que sugerir cosas. Si queremos cambiar, tenemos que dar alternativas, no sólo protestar”, señala.
Es por eso que considera que es importante que los representantes que asistan a la Asamblea Constituyente sean elegidos por las bases sociales, que realmente palpiten el sentir del pueblo y se dediquen 100% a esa actividad.
“Ellos van a recibir dinero y tendrían que ir a las bases para recoger sus necesidades. La gente es la que tiene que decidir. Los partidos políticos nunca toman en cuenta a la gente. Ellos seleccionan de sus propios militantes, sin importarle si están capacitados o no para cumplir con ese trabajo. Los partidos políticos deberían dejar que las bases elijan a sus representantes. Hay mucha gente preparada que no milita en ningún partido”, asegura.
Sin embargo, descarta completamente aceptar en algún momento un cargo en algún gobierno. Ni siquiera como ministra.
“Prefiero trabajar con las bases, porque ahí es donde hago falta. Las bases tienen que capacitarse cada día más. En cambio, en un ministerio, me dirían todo el tiempo lo que debo hacer”, concluye Machaca, que comparte la nominación al Nobel con otras dos mujeres bolivianas, Domitila Chungara y Ana María Romero.

En voz propia

Lo que tiene que hacer el próximo presidente.
El Presidente tiene que pensar que las organizaciones son importantes. Debe escucharlas y apoyarlos para que se conviertan en organizaciones productivas, no cobrarle impuestos porque apenas están sobreviviendo con sus propio esfuerzos y recursos. Si las libera del pago de impuestos hasta que se encaminen, después podrán aportar más. Debe darles créditos para ayudarlas a crecer, capacitarlas para integrarlas al comercio nacional e internacional. A veces nuestros productos son buenos, pero no tenemos mercado.
¿Hay políticos honestos?
No creo que haya políticos honestos. Todos están maleados. Por eso se pelean por estar años de años en el poder. No creo que los políticos se enderecen. Son palitos chuecos y se van a quedar así. Hay mucha gente honesta, pero el tiempo las malea. Creo que en la Asamblea Constituyente se debe poner un límite a esto. Una persona no puede estar tantos años como senador o diputado. Debería permitírseles un solo mandato. Están años de años y no quieren salir de la dirigencia. ¿Qué les cuesta? Estén cinco años y después déjenle el puesto a otros. Tal vez así vamos a poder mejorar, con nuevas generaciones.
¿Hay menos discriminación?
Ahora hemos avanzado, somos alcaldesas, diputadas, senadoras, concejalas. Ya no hay mucha marginación. Pero hay que seguir trabajando, capacitándonos porque todavía nos falta. Debemos tener una misión y una visión de desarrollo para el futuro.

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16/05/2011

Es imprescindible hablar quechua en Bolivia: un caso real en la administración pública de Cochabamba

Regiones donde de habla quechua

La mujer llega del campo, luego de los obstáculos burocráticos e idiomáticos, con los que tropieza en la ciudad, encuentra la oficina donde debe seguir un trámite. Se pone en la cola y accede a la ventanilla donde un funcionario la observa. La mujer le explica el motivo de su visita. El empleado la mira; sin comprender. Ella repite su petición, en palabras más sencillas como para que entienda este joven; pero, en su semblante se agudiza su ignorancia. Pasan pocos minutos, y el empleado, recuperado su aplomo, opta por la salida clásica y burócrata para desembarazarse de estas personas: “Señora, vuelva mañana, y por favor deje pasar al siguiente”. La mujer reflexiona y concluye que su interlocutor no la ha escuchado bien. Quiere reclamar, pero ya no tiene lugar en la fila y, calcula, debe retornar a su pueblo a bordo de más de un micro y el último tramo a pie, u optar por pasar la noche en la calle a la espera que la oficina se abra, por la mañana.

El dependiente es víctima en un drama que lo hace culpable involuntario, pero, culpable al fin, del delito de discriminación. La causa primera es su ignorancia. No sabe hablar el quechua. El idioma de la mujer que ha despachado sin otro motivo que el no poder comunicarse con ella. Una vez más la ignorancia hace culpables.

La Constitución Política del Estado, ha introducido la obligación de que los funcionarios de oficinas públicas y privadas con trabajo de contacto con público deben ser bilingües.

Como la aplicación de esta disposición está vigente, los funcionarios y postulantes a cargos públicos no bilingües han comenzado a buscar academias donde aprender el quechua.

Entre éstos hay los que efectivamente aprenden este idioma. Pero, también los que buscan certificados fraguados.

Para ambos grupos existen alternativas.

Para el primero, institutos donde enseñan el idioma nativo. Allí acudirán quienes tienen conciencia de la importancia de la herramienta indispensable para comunicarse.

Para el segundo, hay un tráfico de certificados de estudios con los que creen que podrán acceder y mantener sus cargos. Algo completamente improbable, pues cada día será como dar un examen de sus conocimientos de la lengua ante el público que acude a su repartición.

http://www.opinion.com.bo/opinion/articulos/2011/0514/noticias.php?id=10616

16/05/2011

Certificados de quechua no siempre avalan el dominio del idioma

Muchos ciudadanos, entre los que se incluye a los servidores públicos, buscan aprender el idioma quechua para garantizar su fuente laboral. Sin embargo, varios consiguen certificados que avalan el conocimiento del idioma sin que esto sea cierto.

Clases de quechua en la Academia ubicada en la calle 25 de Mayo y Heroínas. Opinión

Según la normativa vigente en Bolivia, los funcionarios de las instituciones públicas deben conocer, además del castellano, un idioma nativo que en Cochabamba es el quechua, para garantizar un buen servicio a la población de áreas rurales que no puede comunicarse en castellano.

Aunque la exigencia aún no es estricta, muchos ciudadanos buscan conocer el idioma y otros hacen lo posible por conseguir un certificado que lo avale, aunque no sepan quechua.

CASOS Un funcionario público del Tribunal Distrital de Justicia, que pidió mantener su nombre en reserva, confirmó que compró un certificado que avala su conocimiento del quechua en Bs 100. Y en realidad, él no conoce el idioma.

El entrevistado contó que el pasado año la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) brindó cursos para los funcionarios del Juzgado y que al concluir, quienes hicieron el curso, recibieron certificados con firma y sello de la casa superior de estudios. Él no pasó el curso argumentando que el horario no le favorecía, pero de todos modos consiguió un certificado.

“Nunca falta por ahí una mano negra. Han venido y me han ofrecido el certificado a Bs 100. No sé hablar nada y tengo certificado que dice que sí sé”, dijo.

Antonio Mercado Suárez, comunicador social, obtuvo un certificado que dice “Taller de escritura y lectura quechua” que él utiliza para adjuntarlo a su currículum como si conociera el idioma, aunque en realidad nunca habló, ni entendió.

“He entrado a la Universidad queriendo aprender quechua, pero había sido un curso de perfeccionamiento y yo no sabía. Pero al final, me dieron el certificado sin que haya aprendido”, cuenta Mercado, recordando que pasó el curso hace un par de años durante aproximadamente un mes. Aseguró que fue fácil acceder al curso, que no le tomaron ninguna prueba para conocer si tenía alguna base del idioma y que bastó inscribirse. “El certificado me sirve para decir que sé quechua y en realidad no sé nada”, agregó.

LOS CURSOS En la Carrera de Lingüística de la Facultad de Humanidades de la Universidad Mayor de San Simón el Centro de Estudiantes ofrece cursos mensuales de quechua por Bs 20. Sin necesidad de pruebas que avalen el aprendizaje, los que pasen el curso consiguen un certificado de asistencia que en muchos casos es utilizado para adjuntarlo en currículums como respaldo de saber el idioma quechua.

Los estudiantes explicaron que al final de estos cursos se toma una evaluación que no necesariamente debe ser aprobada para acceder al “certificado de asistencia”.

La directora de la Carrera de Lingüística, Raquel Boutier, aclaró que los cursos que se dictan en coordinación con el Centro de Estudiantes son básicamente de apoyo a los estudiantes de la carrera y que por lo general son masivos semanas antes de los exámenes parciales.

Boutier señaló que los certificados de asistencia que se entregan en esos cursos no tienen, de ninguna manera, el valor de un “Certificado de Acreditación” que otorga la carrera en otros cursos formales abiertos a todo público.

“El requisito para estos cursos es dar un examen de diagnóstico para ver el nivel al que corresponde el estudiante. Los cursos son regulares e intensivos”, manifestó Boutier explicando que son talleres mensuales que dicta el Centro de Interacción Lingüística de esa carrera.

Este Centro permite aprender y perfeccionar idiomas como el inglés, francés, portugués y quechua. El costo de los cursos regulares asciende a Bs 180 y el de los intensivos a 250 bolivianos.

La directora de la Carrera expicó que aquellas personas que son hablantes nativas o que por herencia conocen el quechua pueden acceder a un certificado de suficiencia.

“Para eso dan un examen oral y escrito. Deben reunir las competencias para conseguir un certificado de suficiencia a nivel básico, intermedio o avanzado”, recalcó Boutier, asegurando que como Centro de Interacción Lingüística se rigen, para la otorgación de certificaciones, en las escalas de niveles de la Unión Europea y los de la Escuela Estadounidense.

Apuntes.

Constitución

El artículo 234 de la nueva Constitución Política del Estado (CPE) establece los requisitos para acceder al desempeño de las funciones públicas. La Carta Magna determina el requisito de “hablar por lo menos dos idiomas oficiales en el país”.

Idiomas oficiales

Los idiomas oficiales del Estado son el castellano y los 36 idiomas de las naciones y pueblos indígena originario campesinos. Se establece que se debe utilizar al menos dos idiomas oficiales, uno de ellos debe ser el castellano y el otro se decide tomando en cuenta usos, conveniencia, circunstancias, necesidades y preferencias de la población del territorio en cuestión. En el caso de Cochabamba está el idioma quechua.

Progresivo

Se había instruido que en un plazo de dos años luego de la aprobación de la CPE (enero de 2009) se garantice el aprendizaje de un idioma nativo para los funcionarios públicos.

Pocos hablan, menos entienden

En un sondeo realizado a 23 funcionarios públicos de la Alcaldía, del Concejo Municipal y de la Gobernación se pudo evidenciar que la mayoría no sabe hablar en quechua o lo hace con dificultad.

Nueve personas (39,1 por ciento ) reconocieron no saber el quechua y la imposibilidad de poder comunicar-

se con quechua hablan-tes.

Otros nueve servidores (39,1 por ciento ) tuvieron respuestas como “entiendo, pero no hablo”, “entiendo poco”, “sé poco” y una trabajadora del Concejo explicó estar pasando un curso en la Universidad Católica Boliviana (UCB) destacando la importan-cia de aprender el quechua.

Sólo cinco trabajadores (21,7 por ciento ) aseguraron que hablan el idioma quechua a la perfección.

Entre los trabajadores encargados de la portería de las instituciones, los que tienen el primer contacto con los ciudadanos que acuden para hacer consultas, uno aseguró poder comunicarse en quechua sin problemas, otro explicó que lo consigue, pero con dificultad y el tercero dijo no poder hacerlo.

http://www.opinion.com.bo/opinion/articulos/2011/0513/noticias.php?id=10465

16/05/2011

La Academia de Quechua triplica su alumnado y garantiza el habla, lectura y escritura de la lengua

Los funcionarios públicos deben atender al público en dos idiomas. Opinión

En sólo un año, la Academia Regional de Quechua triplicó la cantidad de sus estudiantes teniendo actualmente 150.

El director de la Academia, José Antonio Rocha, informó que la cantidad de alumnos regulares se ha triplicado y entre ellos existen funcionarios públicos.

“Recibimos mucha demanda en los últimos tiempos, mínimamente preguntan cómo avanzar en el quechua”, manifestó Rocha, refiriéndose a instituciones como Impuestos Nacionales, la Gobernación, el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Tribunal Electoral, entre otros, que realizaron consultas para pasar los cursos en grupos de 30 personas.

Rocha aclaró que la Academia Regional de Quechua es estricta en las evaluaciones y para la posterior entrega de certificados. Para iniciar los cursos se hacen evaluaciones para conocer el nivel de conocimiento del idioma o para comenzar de principo para quienes no tienen ninguna base.

“El que va a tener una certificcaón debe demostrar que sabe el idioma, pero no solamente hablar sino también leer y escribir”, resaltó el director de la Academia. Varias instituciones acudieron en busca de certificaciones que avalen su conocimiento del idioma quechua asegurando saber hablar, pero no leer, ni escribir.

Rocha expresó que la Academia actúa con seriedad y que no otorgaría certificados sin comprobar el conocimiento del quechua, a través de pruebas orales y escritas.

“Siempre lo hemos hecho así, desde antes del boom del quechua que se ha dado con la aprobación de la Constitución Política del Estado”, dijo Rocha expresando además que no se puede hablar de una “nación quechua” realmente desarrollada si la población no sabe leer, escribir, ni hablar el idioma.

Opiniones.

Sonia Fernández

Secretaria Concejo

Los funcionarios de las instituciones públicas deberían hablar por lo menos un 50 por ciento de quechua para poder comunicarnos con la gente del campo y eso sería bueno. Yo hablo quechua y a veces les colaboro cuando viene gente al Concejo y que sólo habla quechua.

Héctor Aguilar

Encargado Proyectos

Es fundamental que un funcionario público y toda persona que reside aquí debe hablar quechua, es necesaria la formación. Los funcionarios públicos, empezando por el Presidente debían hablar quechua, hablando de descolonización. Yo hablo quechua.

Gabriela Butrón

Auxiliar Concejo

Yo creo que hay que saber, porque es nuestra lengua, porque el quechua es parte de los bolivianos. Yo no sé quechua, en algún momento me han dicho en mi trabajo que tenía que aprender, no sé, pero me gustaría aprender porque el idioma es bonito.

J. César Tanabe

Ventanilla Única

Es importante para hacer trámites y ayudar a las personas que no hablan español, mínimamente entender y conocer el idioma no está demás. Yo entiendo pero no hablo, con esfuerzo puedo comunicarme.

Alfredo Fernández

Ventanilla Única

Es importante tener una base y por lo menos entender. Si entendemos podemos guiar a las personas también. Acá en ventanilla única viene gente que sólo habla quechua y por lo menos los que reciben trámites deberían saber.

http://www.opinion.com.bo/opinion/articulos/2011/0513/noticias.php?id=10466