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17/01/2012

“Aquí, ser mujer e indígena es lo peor que te puede pasar”

Nada es demasiado obvio

Alrededor de una veintena de mujeres Quechua se reúne cada semana cerca de Urkupiña, localidad perteneciente al departamento de Cochabamba con el único propóstio de desempañar la ventana sobre todo ese imaginario que rodea a la mujer, de desmontar ese corolario que dicen aún no haber aprendido. A unos quince kilometros de allí, donde se cruzan La Beijing con La Simón Lopez surge un jardín de unos cien metros cuadrados donde el colectivo de mujeres libertarias e imillas realiza talleres de historia, concienciación y ritualidad en otro gran número de temas.

Dentro de todo este complejo entramado se definen conceptos, se lucha y se ama, se publica, se historia y se mira de frente a lo que han atendido a llamar feminicidio y ha sido el propio hartazgo de esta situación y su escasa esperanza de cambio la que les ha llevado a tomar caminos basados en la educación no formal. Marisol se declara indígena por encima de todo y es capaz de llevar, entre otras, el peso del colectivo de mujeres libertarias.

“Aquí ser mujer y ser indígena es lo peor que te puede pasar. Lo malo de ser mujer es su condición como tal, por ser indígena estás en contra del progreso”.

El dibujo social en el que se enclava la mujer boliviana viene dado por el contraste de, por un lado lo que allá definen como agringados o personas que desean imitar los estilos de vida (a ojos de) capitalistas y por el otro el de aquellas y aquellos que tienen raíces y se niegan a dejarlas atras.

Dice Marisol que, en la forma de entender el mundo puede estar la comprensión normal de las cosas pero que, primero y más importante debes saber quien eres.

Susana, por ejemplo, es abogada más ella se declara como artesana. Durante todos los días de la semana ayuda y da soporte a mujeres indígenas que han sido objeto de violencia, sea esta del tipo que fuere. En eso, en la definición, es donde están todas ellas, a lo largo de largos talleres en las que unas con otras comparten, dialogan y establecen (en Quechua) todo una serie de conceptos que les ayuden a ser conscientes de a qué tipos de violencia se enfrentan.

“En el dar nombre a todo este tipo de cosas, aún siendo repetitivas con nosotras mismas está el verdadero valor de estos talleres. De más no está pues repetirnos, una y otra vez, todos y cada uno de los tipos de violencia a los que estamos sometidas. Y lo repetiremos tanto como sea necesario pues en nuestra historia está el ser amoratadas y puñeteadas por ser mujer y discriminadas por ser indígenas. Esa mezcla no nos deja crecer”, afirma Aurelia, una de las lideresas que se encuentran en los talleres.

Sin embargo la situación de la mujer se extiende también a la ciudad y la que no viene de comunidad, sin importar a veces edad y/o educación. Así, la prostitución se centra en la mujer joven de ciudad que ha nacido sin familia, leasé por el no reconocimiento de los padres, por horfandad o por, tal y como se denuncia en la oficina jurídica de la mujer, el abandono tras ser el producto de un embarazo por violación. Este intervalo social es el target principal pues son niñas que pasado el periodo dentro de la casa de adopción, donde se les da de comer o, si se portan mal, se les pega, salen de allí con lo que ellas definen como institucionalización. Mujeres que, sin familia, sin amigos o sin un tejido que les ampare y haga de hombro a la hora de construir una vida se ven en la tesitura, sin opción, de lanzarse a la calle en el amplio sentido de la palabra ya sea para la prostitución, para vivir en ella o ambas. Alrededor de un 70% de las personas sin techo en Bolivia son mujeres.

Por otro lado, la presión socio-familiar, la iglesia y demás organismos presentes y opresores desde el prisma del ‘qué dirán’ fuerzan y niegan a la mujer su función social como tal y la posibilidad de lucha por sí mismas en pos de alcanzar la equidad de género y utilizarla como vía de desarrollo.

Ha sido con el gobierno de Evo Morales con el que se han llegado a ciertas reformas que mejoran parcialmente la perspectiva de género en Bolivia. Desde las trasversales con las que se educa hasta la propia participación política de la mujer más sin embargo, se sigue estando lejos de una igualdad real y son reformas que de momento se plasman más como cifras que como realidades.

Así, el choque entre la justicia como tal y la justicia ordinaria campesina, ambas reconocidas dentro del Estado Plurinacional de Bolivia hacen que esa balanza que equilibre los aspectos referentes al género siga descompensada. La mujer sigue siendo más vilipendiada por el propio contraste y recibiendo un trato más lascivo y denigrante debido a las costumbres que aún enmarañan la discriminación positiva de la que es objeto el hombre desde las comunidades siendo de gran importancia teniendo en cuenta que el 60 % de la población boliviana es indígena.

Fuente: periodismohumano

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